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Lo transforme en mi putita




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El agua caliente me hace sentir bien, relajado.
Por fin entró en mi coño como un cuchillo caliente cortando mantequilla.
Cuando entré en la habitación el estaba allí, sentado en una butaca y fumando.
Cuando necesites otro, me lo pedís âdice sonriendo.Llegó el viernes, siempre nos cruzábamos para coordinar la hora que nos juntaríamos al día siguiente, evitábamos los celulares por miedo a que nos descubran.Durante el relato, estuvimos casi medio día haciendo el amor de manera espectacular, recordando este inolvidable trío.Pero qué pasa, hay algún problema?Ellas gritaban y gemían, produciéndome más calentura.Aprovechando su calentura, y tomando como excusa sus practicas, la invite a que venga a casa, que le iba a enseñar algo mas placentero.Mi boca queda frente a la suya y me planta un beso tremendo, sus labios se comen los míos, me mete la lengua y me recorre.En cuanto noté que iba a correrse hice ademán de retirarme, pero el me agarró con fuerza la cabeza y me dijo que fuera una buena zorra y que no se me ocurriera dejar escapar ni una gota.



Mientras tanto Rebeca ya est parada frente a mí, de espaldas, bailando, no puedo verla muy bien, pero parece que está jugando con sus senos, masajeándoselos.
Entre besos y manotazos continuaron su camino hacia dicho hotel.
Me buscar relacion seria de pareja querían chupar ambas mi pija, por lo que se me pusieron a cada uno de los lados y comenzaron a pasarme sus lenguas, como si mi pene se tratara de un helado.Vanesa ya se inclinaba hacia el lado de Daniel.Una de sus manos me acaricia el cuerpo, con la otra se baja los pantalones.Mi turno empieza a las 20:30 y termina a las.00 Hrs.Vane les pidió jvenes putitas perdón y disculpándose por estar cansada, les rechazó la invitación.Luego les dije que cambiaran de lugar, pero que Patricia se sentara en mi pene para penetrarla mientras yo le chupaba la vagina a Katy.Daniel pidió a los gritos, poder cogérsela él por el culo, así que cambiaron de posición.

Han pasado muchas cosas desde entonces âdigo.
Levanté mi grupa y la empecé a mover sugestivamente, para que no hicieran falta palabras, y en efecto, no fueron necesarias: Xavier se hincó detrás de mi, me pellizcó con fuerza ambas nalgas, abrió con sus dedos la entrada de mi cueva, y empezó.


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